Desde hace años me vengo preguntando: ¿en qué momento se jodió la televisión peruana? Y llegué a la conclusión que, en mi humilde opinión, para mí, todo comenzó con la presencia de un nefasto personaje: Augusto Ferrando. La insolencia, el desprecio, el racismo, la misoginia, la humillación, la falta de respeto no solo hacia su público sino hacia su propio equipo de trabajo se convirtieron en el pan que, de fin de semana en fin de semana, los telespectadores se “comían” sin asco (“panem et circenses”, decían los romanos. No olvidemos que un pueblo ignorante es mucho más fácil de manipular). Y cómo olvidar a “Risas y Salsa”, un programete que era como una continuación de lo anterior pero más “producido”: ahora incluían “calatas”, es decir, mujeres cosificadas en prendas más chicas que un bikini ala delta, siendo manoseadas por los “consagrados cómicos” que no daban risa. Cada “sketch” incluía, además de las mañoserías, racismo (el hombre y la mujer del ande, la gente de origen afroperuano, representados como brutos, sucios, tontos), cachetadas, adulterio (el jefecito que quería “levantarse a su secre” pero cuya esposa siempre le fregaba el plan), golpes, insultos, más cachetadas, risas pregrabadas y más y más y más “calatas”.
En el intermedio 80-90s apareció una señora cuyo única distinción era haber sido ser “vedette” en “Risas y Salsa”, pero con una necesidad casi patológica de estar en todas las primeras planas: Gisela Valcárcel. De la nada, le dieron un show al mediodía que tuvo éxito más que nada entre las amas de casa (ya que lo pasaban en la época en la que no existía el cable y la que menos tenía la tele en la cocina - felizmente mi mami ponía RPP) justo a la hora en la que sus “señitos” preparaban el almuerzo. A veces la gente se olvida que la “fama” de esta señora nació con un programa que no era nada sino una mala copia del show de la argentina Susana Giménez, que era otra mala copia del italiano “Pronto, Raffaella!”, con la mujer que definió el verdadero concepto de “vedette”, tan venido a menos en las últimas décadas en nuestro país. Ninguna de las dos “rubias con su plata” (ni la argentina ni la peruana) tenía en su cuerpo ni un poquito del talento que la Carrà tenía en el dedo más chiquito del pie. En el caso de la peruana, sus programas que al principio se vendían como “el programa familiar” en el que todos podían participar “con sus llamadas y con sus cartas” dejaron de convertirse en un “programa concurso” y de contacto con el público para pasar a ser una caja de resonancia de su vida personal: que si estaba de novia con uno de sus modelos, que si coqueteaba con ciertos artistas, que si se cortaba el pelo, que si se casaba con un futbolista y un largo etcétera.
En el intermedio 80-90s apareció una señora cuyo única distinción era haber sido ser “vedette” en “Risas y Salsa”, pero con una necesidad casi patológica de estar en todas las primeras planas: Gisela Valcárcel. De la nada, le dieron un show al mediodía que tuvo éxito más que nada entre las amas de casa (ya que lo pasaban en la época en la que no existía el cable y la que menos tenía la tele en la cocina - felizmente mi mami ponía RPP) justo a la hora en la que sus “señitos” preparaban el almuerzo. A veces la gente se olvida que la “fama” de esta señora nació con un programa que no era nada sino una mala copia del show de la argentina Susana Giménez, que era otra mala copia del italiano “Pronto, Raffaella!”, con la mujer que definió el verdadero concepto de “vedette”, tan venido a menos en las últimas décadas en nuestro país. Ninguna de las dos “rubias con su plata” (ni la argentina ni la peruana) tenía en su cuerpo ni un poquito del talento que la Carrà tenía en el dedo más chiquito del pie. En el caso de la peruana, sus programas que al principio se vendían como “el programa familiar” en el que todos podían participar “con sus llamadas y con sus cartas” dejaron de convertirse en un “programa concurso” y de contacto con el público para pasar a ser una caja de resonancia de su vida personal: que si estaba de novia con uno de sus modelos, que si coqueteaba con ciertos artistas, que si se cortaba el pelo, que si se casaba con un futbolista y un largo etcétera.
Luego, en los 90, apareció otro de los rostros tóxicos de nuestra caja boba rojiblanca: Laura Bozzo. Casos inventados (“panelistas” que en un programa eran las víctimas y en otro los victimarios), peleas en el set, insultos, llantos, en fin, la miseria de nuestra sociedad expuesta y utilizada para ganar rating. Creo que ni Jerry Springer cayó tan bajo. De pronto, a los peruanos en el extranjero los acosaban con preguntas tipo ¿qué era una pollada? ¿Y un carrito sanguchero? y la del terror: ¿por qué los peruanos no teníamos dientes? (A mí me lo preguntaron, a más de una década de esta señora lejos de las pantallas peruanas.) La decadencia de ese show quedó plasmada en una sola palabra: axila. Me dan arcadas no más de escribirla.
Como si todo esto no fuera suficiente, a finales de los 90 también apareció otra mujer, esta vez “pelirroja”, que había estudiado algo de periodismo, llena de resentimientos e inseguridades, lista para llevarse de encuentro a la “farándula peruana”, a la que le puso de sobrenombre “Cholywood”. Una mujer cuyo ÚNICO “mérito” hasta entonces era hacer notas y entrevistas de espectáculos para un noticiero. Ella se llama Magaly Medina. Y con ella nació lo que pasó a llamarse “la Magalización” de la televisión peruana. Si antes habíamos estado fregados, pues aquí venía lo peor. Le dieron su programa propio y se dedicó a través de sus “ampays” (videos “comprometedores” de gente “conocida” - artistas, futbolistas, gente medio famosilla con “alguito” de fama, etc.), con el único propósito de generar morbosidad en el televidente (hasta tenía un número telefónico para que la gente les pasara “el dato” y así llevar sus cámaras a grabar a los “ampayados”), sin importarle las personas envueltas, sus vidas, sus familiares, su privacidad. NADA de eso era NOTICIA, que por definición es el relato, construcción y elaboración de un hecho, evento acontecimiento que se considera IMPORTANTE o PERTINENTE divulgar para el conocimiento PÚBLICO. Ese “programucho”, que sigue en pantallas a pesar de las denuncias contra esta señora (que la han llevado hasta la cárcel) no apela a otra cosa que no sea morbo puro. Peleas, divorcios, engaños, denuncias y escándalos que no tenían porqué ser de interés nacional ocupan las primeras planas de los diarios, y ya no solo de los diarios “chicha”. Copias le salieron, como aquel bodrio conducido por Carlos Cacho y Laura Borlini (uno, un peluquero polémico y la otra, una argentina muy conocida en su casa), o Rodrigo González, más conocido como “Peluchín” (sucesor y "criatura" de Magaly) y sus “programas de espectáculos”. Pero estos ”programas de espectáculos” no son nada de eso. A menos que “espectáculos” sea meterse en la vida privada de los demás y hacer escandaletes que les dieran suficiente “rating” (que es lo que buscan las empresas para por exponer sus marcas y que “todo el Perú” las vea). Y así hasta el día de hoy, en el que un programa que tampoco aporta nada bueno cumple SIETE año en el aire, que muestra a un grupete de chicos que antes solo servía para hacerla de modelitos se convirtieran en los “chicos reality”, apareciendo en hasta tres programas diferentes (creo que ya solo queda uno), y que en vez de hacer "un programa concurso", se dedican a pelearse entre ellos, mostrar que puedes ser un inculto pero como tienes buen cuerpo no importa, igual te van a pagar un platal por hacer el ridículo; hacerse mala fama, sobreexponer sus vidas privadas y demás joyitas que los han convertido el peor ejemplo para nuestra juventud.
Todo este resumen (de hecho se me han pasado varias cosas) es simplemente para recordarles a los peruanos que se quejan de la televisión basura, que ellos son los principales consumidores de esa basura, “porque da risa”.
Entonces, ¿a quién le incumbe si Fulanito le sacó la vuelta a su pareja? ¿Si vieron a Zutanita agarrada de la mano de otra chica? ¿Realmente nos interesa tanto saber las intimidades de personas que son “conocidas”? ¿La fama que tienen los convierte automáticamente en blancos para las cámaras y chisme sin reparo alguno? La excusa de “es famoso porque quiere, sabe a qué se expone” es una reverenda estupidez. O sea, hay gente cuya vida no gira alrededor de querer ser famoso, simplemente quiere ser deportista, cantante, actor, así como cualquiera decide dedicarse cualquier carrera, etc., porque hay una diferencia ENORME entre ser famosillo y adquirir fama por mérito propio, alcanzando sus metas, sacando la cara por tu país y APORTANDO con tu ejemplo a la juventud peruana. Si bien para varios deportistas la fama importa para conseguir auspicios y poder seguir entrenando para superarse, no se puede negar que hay quienes lo dan todo por salir en la tele. Por ejemplo, las señoras mencionada arriba.
Pero, fin y al cabo, cada uno es una persona con los mismos derechos de todos de tener una vida privada. ¿Se han puesto a pensar el bullying del que sufren y sufrirán los hijos de los “ampayados”? ¿Se han puesto en el lugar de aquellos que se sintieron traicionados y ahora tienen que convivir además con el acoso de la “prensa”? ¿Si alguna pareja trata de trabajar en su matrimonio, pero no saldrán adelante porque ya todo el mundo sabe quién le sacó la vuelta a quién, y el que ceda es un cuernudo baboso delante de toda la sociedad?
Y aquí repito la pregunta del inicio: ¿Qué ganamos? ¿Cuál es el beneficio que recibimos al enterarnos de la vida íntima de otros? ¿Qué aporta toda esta basura a nuestras vidas? ¿Ver la miseria ajena nos hace más ricos, más pobres, mejores personas? ¿Te gustaría que te hicieran algo así? ¿A alguien de tu familia?
Todo este resumen (de hecho se me han pasado varias cosas) es simplemente para recordarles a los peruanos que se quejan de la televisión basura, que ellos son los principales consumidores de esa basura, “porque da risa”.
Entonces, ¿a quién le incumbe si Fulanito le sacó la vuelta a su pareja? ¿Si vieron a Zutanita agarrada de la mano de otra chica? ¿Realmente nos interesa tanto saber las intimidades de personas que son “conocidas”? ¿La fama que tienen los convierte automáticamente en blancos para las cámaras y chisme sin reparo alguno? La excusa de “es famoso porque quiere, sabe a qué se expone” es una reverenda estupidez. O sea, hay gente cuya vida no gira alrededor de querer ser famoso, simplemente quiere ser deportista, cantante, actor, así como cualquiera decide dedicarse cualquier carrera, etc., porque hay una diferencia ENORME entre ser famosillo y adquirir fama por mérito propio, alcanzando sus metas, sacando la cara por tu país y APORTANDO con tu ejemplo a la juventud peruana. Si bien para varios deportistas la fama importa para conseguir auspicios y poder seguir entrenando para superarse, no se puede negar que hay quienes lo dan todo por salir en la tele. Por ejemplo, las señoras mencionada arriba.
Pero, fin y al cabo, cada uno es una persona con los mismos derechos de todos de tener una vida privada. ¿Se han puesto a pensar el bullying del que sufren y sufrirán los hijos de los “ampayados”? ¿Se han puesto en el lugar de aquellos que se sintieron traicionados y ahora tienen que convivir además con el acoso de la “prensa”? ¿Si alguna pareja trata de trabajar en su matrimonio, pero no saldrán adelante porque ya todo el mundo sabe quién le sacó la vuelta a quién, y el que ceda es un cuernudo baboso delante de toda la sociedad?
Y aquí repito la pregunta del inicio: ¿Qué ganamos? ¿Cuál es el beneficio que recibimos al enterarnos de la vida íntima de otros? ¿Qué aporta toda esta basura a nuestras vidas? ¿Ver la miseria ajena nos hace más ricos, más pobres, mejores personas? ¿Te gustaría que te hicieran algo así? ¿A alguien de tu familia?
Por favor, dejemos de consumir porquerías, de esparcirlas, eduquemos a nuestros hijos para que sepan diferenciar lo que está bien y lo que está mal. Que sepan que la privacidad es un derecho que no tiene por qué ser violentado. Y acostumbrémolos a que si no hay nada bueno que ver, mejor apaguen la tele y lean un libro. O jueguen Monopolio, Tutti Frutti, Charadas en familia. Lo que sea. Pero con la tele apagada.









