domingo, 8 de diciembre de 2019

¿Qué ganamos?

Desde hace años me vengo preguntando: ¿en qué momento se jodió la televisión peruana? Y llegué a la conclusión que, en mi humilde opinión, para mí, todo comenzó con la presencia de un nefasto personaje: Augusto Ferrando. La insolencia, el desprecio, el racismo, la misoginia, la humillación, la falta de respeto no solo hacia su público sino hacia su propio equipo de trabajo se convirtieron en el pan que, de fin de semana en fin de semana, los telespectadores se “comían” sin asco (“panem et circenses”, decían los romanos. No olvidemos que un pueblo ignorante es mucho más fácil de manipular). Y cómo olvidar a “Risas y Salsa”, un programete que era como una continuación de lo anterior pero más “producido”: ahora incluían “calatas”, es decir, mujeres cosificadas en prendas más chicas que un bikini ala delta, siendo manoseadas por los “consagrados cómicos” que no daban risa. Cada “sketch” incluía, además de las mañoserías, racismo (el hombre y la mujer del ande, la gente de origen afroperuano, representados como brutos, sucios, tontos), cachetadas, adulterio (el jefecito que quería “levantarse a su secre” pero cuya esposa siempre le fregaba el plan), golpes, insultos, más cachetadas, risas pregrabadas y más y más y más “calatas”.
En el intermedio 80-90s apareció una señora cuyo única distinción era haber sido ser “vedette” en “Risas y Salsa”, pero con una necesidad casi patológica de estar en todas las primeras planas: Gisela Valcárcel. De la nada, le dieron un show al mediodía que tuvo éxito más que nada entre las amas de casa (ya que lo pasaban en la época en la que no existía el cable y la que menos tenía la tele en la cocina - felizmente mi mami ponía RPP) justo a la hora en la que sus “señitos” preparaban el almuerzo. A veces la gente se olvida que la “fama” de esta señora nació con un programa que no era nada sino una mala copia del show de la argentina Susana Giménez, que era otra mala copia del italiano “Pronto, Raffaella!”, con la mujer que definió el verdadero concepto de “vedette”, tan venido a menos en las últimas décadas en nuestro país. Ninguna de las dos “rubias con su plata” (ni la argentina ni la peruana) tenía en su cuerpo ni un poquito del talento que la Carrà tenía en el dedo más chiquito del pie. En el caso de la peruana, sus programas que al principio se vendían como “el programa familiar” en el que todos podían participar “con sus llamadas y con sus cartas” dejaron de convertirse en un “programa concurso” y de contacto con el público para pasar a ser una caja de resonancia de su vida personal: que si estaba de novia con uno de sus modelos, que si coqueteaba con ciertos artistas, que si se cortaba el pelo, que si se casaba con un futbolista y un largo etcétera.
Luego, en los 90, apareció otro de los rostros tóxicos de nuestra caja boba rojiblanca: Laura Bozzo. Casos inventados (“panelistas” que en un programa eran las víctimas y en otro los victimarios), peleas en el set, insultos, llantos, en fin, la miseria de nuestra sociedad expuesta y utilizada para ganar rating. Creo que ni Jerry Springer cayó tan bajo. De pronto, a los peruanos en el extranjero los acosaban con preguntas tipo ¿qué era una pollada? ¿Y un carrito sanguchero? y la del terror: ¿por qué los peruanos no teníamos dientes? (A mí me lo preguntaron, a más de una década de esta señora lejos de las pantallas peruanas.) La decadencia de ese show quedó plasmada en una sola palabra: axila. Me dan arcadas no más de escribirla.
Como si todo esto no fuera suficiente, a finales de los 90 también apareció otra mujer, esta vez “pelirroja”, que había estudiado algo de periodismo, llena de resentimientos e inseguridades, lista para llevarse de encuentro a la “farándula peruana”, a la que le puso de sobrenombre “Cholywood”. Una mujer cuyo ÚNICO “mérito” hasta entonces era hacer notas y entrevistas de espectáculos para un noticiero. Ella se llama Magaly Medina. Y con ella nació lo que pasó a llamarse “la Magalización” de la televisión peruana. Si antes habíamos estado fregados, pues aquí venía lo peor. Le dieron su programa propio y se dedicó a través de sus “ampays” (videos “comprometedores” de gente “conocida” - artistas, futbolistas, gente medio famosilla con “alguito” de fama, etc.), con el único propósito de generar morbosidad en el televidente (hasta tenía un número telefónico para que la gente les pasara “el dato” y así llevar sus cámaras a grabar a los “ampayados”), sin importarle las personas envueltas, sus vidas, sus familiares, su privacidad. NADA de eso era NOTICIA, que por definición es el relato, construcción y elaboración de un hecho, evento acontecimiento que se considera IMPORTANTE o PERTINENTE divulgar para el conocimiento PÚBLICO. Ese “programucho”, que sigue en pantallas a pesar de las denuncias contra esta señora (que la han llevado hasta la cárcel) no apela a otra cosa que no sea morbo puro. Peleas, divorcios, engaños, denuncias y escándalos que no tenían porqué ser de interés nacional ocupan las primeras planas de los diarios, y ya no solo de los diarios “chicha”. Copias le salieron, como aquel bodrio conducido por Carlos Cacho y Laura Borlini (uno, un peluquero polémico y la otra, una argentina muy conocida en su casa), o Rodrigo González, más conocido como “Peluchín” (sucesor y "criatura" de Magaly) y sus “programas de espectáculos”. Pero estos ”programas de espectáculos” no son nada de eso. A menos que “espectáculos” sea meterse en la vida privada de los demás y hacer escandaletes que les dieran suficiente “rating” (que es lo que buscan las empresas para por exponer sus marcas y que “todo el Perú” las vea). Y así hasta el día de hoy, en el que un programa que tampoco aporta nada bueno cumple SIETE año en el aire, que muestra a un grupete de chicos que antes solo servía para hacerla de modelitos se convirtieran en los “chicos reality”, apareciendo en hasta tres programas diferentes (creo que ya solo queda uno), y que en vez de hacer "un programa concurso", se dedican a pelearse entre ellos, mostrar que puedes ser un inculto pero como tienes buen cuerpo no importa, igual te van a pagar un platal por hacer el ridículo; hacerse mala fama, sobreexponer sus vidas privadas y demás joyitas que los han convertido el peor ejemplo para nuestra juventud.
Todo este resumen (de hecho se me han pasado varias cosas) es simplemente para recordarles a los peruanos que se quejan de la televisión basura, que ellos son los principales consumidores de esa basura, “porque da risa”.
Entonces, ¿a quién le incumbe si Fulanito le sacó la vuelta a su pareja? ¿Si vieron a Zutanita agarrada de la mano de otra chica? ¿Realmente nos interesa tanto saber las intimidades de personas que son “conocidas”? ¿La fama que tienen los convierte automáticamente en blancos para las cámaras y chisme sin reparo alguno? La excusa de “es famoso porque quiere, sabe a qué se expone” es una reverenda estupidez. O sea, hay gente cuya vida no gira alrededor de querer ser famoso, simplemente quiere ser deportista, cantante, actor, así como cualquiera decide dedicarse cualquier carrera, etc., porque hay una diferencia ENORME entre ser famosillo y adquirir fama por mérito propio, alcanzando sus metas, sacando la cara por tu país y APORTANDO con tu ejemplo a la juventud peruana. Si bien para varios deportistas la fama importa para conseguir auspicios y poder seguir entrenando para superarse, no se puede negar que hay quienes lo dan todo por salir en la tele. Por ejemplo, las señoras mencionada arriba.
Pero, fin y al cabo, cada uno es una persona con los mismos derechos de todos de tener una vida privada. ¿Se han puesto a pensar el bullying del que sufren y sufrirán los hijos de los “ampayados”? ¿Se han puesto en el lugar de aquellos que se sintieron traicionados y ahora tienen que convivir además con el acoso de la “prensa”? ¿Si alguna pareja trata de trabajar en su matrimonio, pero no saldrán adelante porque ya todo el mundo sabe quién le sacó la vuelta a quién, y el que ceda es un cuernudo baboso delante de toda la sociedad?
Y aquí repito la pregunta del inicio: ¿Qué ganamos? ¿Cuál es el beneficio que recibimos al enterarnos de la vida íntima de otros? ¿Qué aporta toda esta basura a nuestras vidas? ¿Ver la miseria ajena nos hace más ricos, más pobres, mejores personas? ¿Te gustaría que te hicieran algo así? ¿A alguien de tu familia?
Por favor, dejemos de consumir porquerías, de esparcirlas, eduquemos a nuestros hijos para que sepan diferenciar lo que está bien y lo que está mal. Que sepan que la privacidad es un derecho que no tiene por qué ser violentado. Y acostumbrémolos a que si no hay nada bueno que ver, mejor apaguen la tele y lean un libro. O jueguen Monopolio, Tutti Frutti, Charadas en familia. Lo que sea. Pero con la tele apagada.



jueves, 21 de junio de 2018

¡Cómo no te voy a querer!!!

Escribo esta entrada entre lágrimas. No son de dolor, ni de pena. Son de orgullo, de agradecimiento, de amor por mi país. La Selección Peruana de Fútbol nos ha demostrado que no sólo podemos llegar a un Mundial, sino que podemos jugar "de tú a tú" contra una de las mejores selecciones del planeta, contra uno de los favoritos para llevarse la copa del Mundo: Francia.

(No voy a hacer una narración ni comentario de los dos partidos que hemos jugado hasta hoy, para ello están los comentaristas y periodistas deportivos, pero sí puedo decir una cosa, algo que escribí en mi muro de Facebook: todos aquellos que dijeron que el España - Portugal fue el mejor partido del Mundial, no esperaban ver algo como el Francia - Perú. Simplemente de infarto.)


Después de 36 años Perú regresó al Mundial. Con eso me "daba por bien servida", como decimos aquí. Para mí ya no necesitábamos ganar nada, ya habíamos ganado sólo con ir al Mundial. Pero nuestros chicos querían MÁS. Los peruanos, tanto los que se quedaron en casa como los que viajaron hasta Rusia, así lo sentían. Escuchar a la gente cantando "Contigo Perú" (una especie de Himno no oficial) por las calles de Saransk (donde jugamos nuestro primer partido mundialista después de 8 mundiales fuera), en autobuses, en aviones, en el Estadio; que se escribieran tantas notas periodísticas sobre la calidad humana de los hinchas peruanos (hubo alguna excepción, pero fue fácilmente controlada y olvidada), que la prensa internacional narrara que siempre a donde fuese que estuvieran "los incas", había fiesta; que la hinchada viajara literalmente al otro lado del mundo, muchísimos de ellos haciendo un esfuerzo monumental para comprar no sólo entradas sino pasajes aéreos y pagar alojamientos: TODOS queríamos estar allí, con nuestros chicos, hacerles sentir que a donde fueran ahí estábamos. Una especie de "you'll never walk alone" acholado, con sabor a ceviche, anticuchos, pisco, picarones... con sabor a Perú.

Aquí les dejo una versión de "Contigo Perú" cantado por Hinchas peruanos, entre ellos, nuestro grandísimo Daniel Peredo, periodista deportivo que se nos fue este año, que en el cielo debe haber hecho la narración más alucinante que los ángeles alguna vez escucharon.

Creo que una de las emociones más grandes que he sentido en mi vida, como amante del buen fútbol que soy, la sentí el 16 de junio de 2018, cumpleaños de mi hermana Mafe: escuchar nuestro Himno Nacional en un Mundial, cantado a todo pulmón, por nuestros jugadores y nuestros "miles de embajadores" en Saransk.


Las lágrimas de la emoción de Luis Advíncula (oficialmente "el jugador más rápido del mundo"), de Aldo Corzo (mi jugador favorito, de corazón regatino) e incluso las de Coki Gonzáles (periodista deportivo peruano), se fusionaron con las mías y apuesto que también con las de medio Perú. Nuestros chicos la sufrieron tanto para llegar allí, y allí estaban, y con ellos esos miles de peruanos que viajaron de diferentes partes del mundo para estar presentes en ese momento: el día en el que Perú volvió a los Mundiales. Algún periodista comentó: "Perú juega de local a donde va", y así se sintió. Ningún himno ha sido cantado con más fuerza en todo el mundial, ninguna barra alentó como la peruana. No me lo tienen que contar, lo vi y lo escuché. Y fue hermoso.


Ya lo dijo "el tigre" Gareca, nuestro DT, ese que alguna vez, como futbolista, nos sacó del mundial y que esta vez, como Director Técnico de la Selección nos llevó a soñar con que sí se podía y sí se pudo:  "dimos todos y entregamos todo". Gracias a todo el equipo, gracias a todo el comando técnico, gracias a toda esa hinchada maravillosa que no se calló en ningún momento. Pero este no es el final: todavía nos queda UNO. Ahora, contra Australia, necesitamos ese triunfo que nos ha sido esquivo hasta hoy, para irnos con la frente (más) en alto, para demostrarle al mundo entero que Perú está de vuelta en los Mundiales y allí se va a quedar.
Allí NOS vamos a quedar.




Créditos de fotografías: páginas web de Radio Programas del Perú (RPP), Diario Perú 21, Depor.

martes, 12 de junio de 2018

Una historia "familiar"

Hace 7 añitos nació en la ciudad de Bogotá un pequeño Labrador que fue "comprado" por una familia siendo realmente chiquito. Nadie, solo Dios, sabía que ese día había empezado un nuevo capítulo en la historia de otra familia. Pasaron 3 meses y 3 semanas y esta familia ya se había aburrido de tener al cachorro pues hacerse cargo era realmente una chambaza. 



En otro lado de la ciudad, una pareja de esposos (sin bebé, todavía) llevaba discutiendo durante casi un año la posibilidad de tener un perro. Llegaron a un acuerdo: el esposo podía tener un labrador (la raza de perro que más le gustaba) pero tenía que cumplir el requisito de la esposa: tenía que ser adoptado. Al día siguiente, el esposo llegó a la oficina y se lo comentó a sus amigos, frustrado pues "quién iba a regalar un labrador". Una compañera de trabajo le dijo que su vecino estaba regalando su labrador de casi cuatro meses pues ya no sabían qué hacer con él y lo tenían encerrado en una fría terraza. 



El esposo llamó a la esposa: "ve por él", le dijo, "él es nuestro Argos" (el nombre lo tenían escogido desde hace mucho, para la esposa era el perfecto nombre para un perro). Esa tarde, la sobrina de los esposos que estaba de visita en Colombia acompañó a su tío a recoger al animalito. Se subieron a un taxi con el pequeño. Llegaron a la casa, se pararon en la puerta del apartamento y tocaron el timbre. La esposa corrió hacia la entrada, vio abrirse la puerta y vio a su esposo, a su sobrina y a un pequeño peludito de color dorado. "Argos!" lo llamó. Y Argos, que antes de ese minuto se llamaba de otra forma, corrió hacia los brazos extendidos de la esposa (desde ese momento, "la mamá"). Ella lo abrazó, con los brazos y con el corazón, y le prometió que nunca más iba a estar solo.



Y el esposo (desde ese momento, "el papá") se unió a ese abrazo: había nacido una familia de tres. Pasaron sustos (por el maltrato recibido el pequeño tenía serias infecciones en la garganta y el estómago, que casi se lo llevan "pa' la otra"). La mamá rezó: "Diosito, me lo acabas de traer, no te lo lleves, por favor. Divino Niño, tú qué eres su compatriota, échale una manito.” Y Diosito se los dejó. 



En esos seis años y ocho meses les pasó de todo: viviendo en Lima por 4 meses antes de irse a vivir a otro país, a Argos lo picó una araña en una pata y tuvieron que someterlo a un tratamiento de antibióticos y diuréticos, se le desvió la patela y tuvieron que operarlo, su estómago seguía débil, al igual que sus defensas, con lo que cualquier enfermedad se le pegaba, llámese tos, llámese diarrea, llámese lo que se llame: todo le daba. Tan así que los papás hicieron fiesta el día en que Argos hizo "sólido" por primera vez. Su estómago por fin funcionaba como debía, ¡Qué maravilla maravillosa! Se mudaron a Panamá y, como no podía ser de otro modo, lo picó una garrapata, le dio erliquia y de nuevo, casi se va. Y la mamá volvió a rezar, a Diosito y a Santa María La Antigua, patrona de su nueva tierra adoptiva. Y Argos se recuperó. Poco a poco, el pequeño se iba haciendo más grande, más fuerte y más hermoso, pero desde ese viaje a Lima, medio desconfiado de los extraños (detesta ver chanclas, es posible que alguna bestia lo haya agarrado a chancletazos antes de que llegara a casa y quedó traumado) y pegado a la mamá, para él ella era su salvadora (al fin y al cabo era con quien más tiempo pasaba) y él era Súper Perro, dispuesto a defender a su familia de cualquier polilla amenazadora. 




Él no lo sabía, ni siquiera sus papás lo sabían, pero cuando llegó a este nuevo hogar, no fueron ellos los que lo rescataron a él, él los había rescatado a ellos, especialmente a la mamá.



Luego, a un mes de cumplir dos años, llegó su hermana menor (una Labradora mezcla con Golden Retriever - cosa que recién se ha descubierto este año - a la que llamaron Athena por la de los Caballeros del Zodíaco), que sus papás decidieron adoptar un día en que sólo fueron a la veterinaria para ponerle una vacuna a Argos. Los tres ya la habían visto antes (la dueña de la mamá biológica estaba vendiendo la camada porque no tenía espacio para ella y sus hermanos y la peque era la única que no había sido vendida) así que cuando les preguntaron que si la querían comprar y luego de escuchar la respuesta de los esposos que “no compraban sino adoptaban” la dueña decidió regalárselas.




Y así la enana llegó para ponerlo todo de cabeza. Argos volvió a ser cachorro y jugaba con Athena hasta el cansancio... y eso que estaba acostumbrado a ser el consentido, el mimado, el hijo único... y ahora eran una familia de cuatro. Y tuvieron que re-aprender a cuidar y entrenar a un cachorro, pero esta vez era una cachorra con su propio y tremendo carácter... pero que seguía al calco lo que su "hermano mayor" hacía. No se necesitó entrenador. Todo lo que ella necesitaba aprender lo hizo siguiendo el ejemplo de su "hermanote". 



Pero como mamá siempre repite y repite: "Argos siempre será el bebé de la mamá” (así como Athena siempre será la bebé de la mamá, por más que crezcan).


Feliz cumpleaños mi “pepo” hermoso. Ya eres un “perro mayor”. Tú no naciste de mi panza, tú naciste en mi corazón y eso te hace tan hijo mío como el de cualquiera que sienta lo mismo. Gracias por estos hermosos primeros 7 años y que vengan muchísimos más.
Te adora,
Mamá.

Mensaje al lector: No compres, adopta. No te imaginas lo feliz que serás y lo feliz que harás a un animalito que necesita una familia.

lunes, 21 de mayo de 2018

Propósitos de Año Nuevo o la Inevitabilidad de la Procastinación

Tengo la intención de escribir un post en mi blog desde que nos mudamos de vuelta a vivir en Lima (Junio 2014). Puedo enumerar las razones por las que no lo he hecho y me faltan dedos en las manos (y en los pies). ¿Una gran decepción? ¿Una nueva mudanza (después de siete ya me dan alergia las mudanzas)? ¿La enfermedad de dos de las personas más importantes en mi vida? Pero el propósito seguía allí, en algún rincón de mi cabeza dando vueltas y cada día, al acostarme, pensaba "mañana sí, mañana sin falta, posteo en el blog".

Durante mucho tiempo, especialmente después de la partida de mi mami, escribir me costaba. Escribirle a ella me era más fácil (incluso publiqué más de una vez algunas de mis "cartas a ella" en mi FB). Pero sus palabras (repetidas numerosas veces, con todo el cariño del mundo) resonaban en mi cabeza "¿Por qué no te pones a escribir de nuevo hijita? ¡Si te encanta!"


Pero esta vez ha sido distinto. No sólo he vuelto a escribir nuevamente (le volví a agarrar el gusto), si no que retomé el "blog" con el que empezaba el cambio, después de estar viviendo 5 años fuera y con el que marcaba el inicio de una nueva vida de vuelta en nuestra patria... y al que dejé cuando la tristeza pudo más conmigo. Y me acostumbré a que ella  - la tristeza - dictara lo que yo hacía (mejor dicho, lo que no hacía)...Y ahora que lo pienso, a mi mami no le hubiera gustado nada que me dejara vencer.

Y es que muchas veces nos proponemos hacer algo y de pronto, así, sin querer queriendo (R.I.P. #Chespirito) se nos escapa el tiempo y ni cuenta nos damos que han pasado MESES desde que nos prometimos leer dos libros al mes, despertarnos al alba, caminar por lo menos 40 minutos al día (todo para que al final de diciembre del año pasado me fregara el tobillo y terminaran operándome en marzo), dejar de comer chocolates y tomar gaseosas, no más comida chatarra, llamar/visitar más a nuestros padres/abuelitos/suegros/sobrinos, y un larguísimo y kilométrico etcétera.

Hace años leí un post de cuánto nos demorábamos en abandonar los propósitos que nos planteábamos en año nuevo. No encontré ese artículo, pero según el post Propósitos de año nuevo: una tradición que roza el esperpento, por lo visto, lo "usual" es ir dejando de cumplir con nuestros propósitos decembrinos poco a poco

Si no me creen, a las pruebas me remito: según ese blog, el propósito de dejar de fumar tiene una duración aproximada de entre 1y 2 meses. Y la cosa no quedaría allí:
- Perder 5 kilos: 7 días
- Hacer ejercicio: 3 semanas
- El propósito de "usar menos la laptop/el celular" dura entre 6 y 8 horas (no sé si reír o llorar con eso).

Todavía recuerdo a una amiga, quien arrugó, rompió, hizo papilla, es decir, destruyó una cajetilla nueva y entera (la última que le quedaba) de cigarrillos y los tiró a la basura a las 12:00 pm de un 1ero de enero... para estar desesperada a los tres días bajo la excusa de "es que esto no se puede dejar así nada más".

A mi parecer, nos es difícil, por no decir casi imposible, romper con los viejos hábitos, especialmente aquellos que tenemos establecidos como rutinarios, porque le tenemos miedo al cambio, estamos muy cómodos como estamos, en un permanente estado de conformismo, de duda. Pero a veces hay que hacerlo, por nuestro bien, nuestra salud física y mental. Este blog es mi catarsis y como tal lo abrazo y lo acepto.  Y hoy, como mañana, como pasado mañana, serán nuevamente un primero de enero, una hoja limpia en la que escribir un día nuevo, cada día. Adiós al "status quo auto impuesto " Ya toca. Ya tocaba hace bastante.


sábado, 19 de mayo de 2018

Probando 1,2, 3... Retomando!

Varios meses antes de irse, mi mami me pidió una cosa: "¡Vuelve a escribir, hijita!". Yo andaba con la cabeza en las nubes y la verdad es que pasé de "ok mami", al "cuando pueda", al "no tengo ganas, mañana lo hago". Después cualquier excusa fue buena. Pero esto se acabó.
Así que bueno pues, mami, toca sacudirse un poco y decir ¡aquí vamos de nuevo!
Te quiero al infinito y más allá.
Wish me luck.


miércoles, 19 de agosto de 2015

Mi sexta abuela

Como todos, yo tengo cuatro abuelos, dos de parte de mamá (Leoncio y Rosita) y dos de parte de papá (Alfredo y Meche). El papi de mi mami se fue al cielo cuando yo tenía catorce años y la mami de mi papi se nos fue hace algunos añitos, cuando vivíamos en Colombia. Me quedan un abuelo y una abuelita, a quienes adoro con todo mi corazón.

La cosa es que, a parte de ellos cuatro, tuve (o mejor dicho, tuvimos todos los hermanos) una quinta abuelita, la hermana de mi abuelito Leoncio, que fue todo lo que una abuelita puede ser. Mis dos abuelitas perdieron a sus mamás cuando eran muy chicas, así que no tenían mucha idea de cómo son las abuelas. Pero mi "Cuyuya" (así le decíamos a mi tía abuela María Julia) era la suplente ideal: nos inició en el vicio por los caramelos de limón, nos tejía chompas (me acuerdo que me hizo una amarilla que usé hasta que ya era de color crema), nos hacía las tareas de formación laboral, nos apachurraba, nos llenaba de besitos, nos prestaba su maquillaje cada vez que la íbamos a visitar (y salíamos hechas unos payasos cuando nos íbamos) y mientras pudo manejar nos llevaba a todos lados. Engreidora, cariñosa, cómplice, alegre, amorosa. Lo que uno sueña con una abuelita, todo eso y más fue mi Cuyu para mi y para mis hermanos.

Pasaron los años y mi Cuyu también se nos fue al cielo. El vacío que dejó en mi vida fue enorme, tanto que no puedo hablar de ella sin llorar. Pero un milagro hizo que ella volviera a mi vida casi en carne y hueso.

Cuando conocí a Toño, el que ahora es mi esposo y mejor amigo, conocí a su familia entera y la abu Susana me adoptó inmediatamente. Decir que las similitudes entre ella y mi Cuyu eran muchas es quedarse corto. Tenían el mismo acento de la sierra, casi el mismo tono de voz, el mismo amor, la misma dulzura, la misma complicidad. Casi inmediatamente se convirtió en mi sexta abuela. Mi "abu", como le dicen sus nietos de sangre. Yo era su nieta "de corazón". Y el corazón nos unió desde entonces.



El día de ayer mi sexta abu se fue al cielo. El dolor que siento, igual que cuando se me fue mi Cuyu, es un dolor egoísta, porque me gustaría que esté con nosotros a pesar de que sé que está en el mejor lugar, en el lugar a donde todos nos gustaría ir al final de nuestros días. Tengo la confianza en que nos está cuidando desde allá, a todos, a cada uno de los miembros de la familia, pero no puedo dejar de extrañar su presencia aquí entre nosotros. Me reconforta que aunque no esté físicamente, ese amor que nos tuvo durará para siempre.

Te llevo en mi corazón, abu Susana, y allí estarás por siempre. Ahora que están con Diosito, la Virgencita de Guadalupe y el Niñito Dios, pídeles e intercede por nosotros. Te queremos y extrañamos.


(Pd: Esta foto es de Navidad del año pasado. Pau, su primera bisnieta, sostiene al Niño Jesús para que le demos su beso de cumpleaños y se lo lleva a la abu. Ayer la abu subió al cielo a darle ese besito al Niñito Jesús en persona.)

(Pd2: Copio una oración de San Agustín que me pasó mi queridísima amiga Rocío Angulo. Justo lo que necesitaba leer hoy.

"No llores si me amas,
¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el cielo!
¡Si pudieras oír el cántico de los ángeles y verme en medio de ellos!
¡Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos; los horizontes, los campos y los nuevos senderos que atravieso!
Si por un instante pudieras contemplar como yo, la belleza ante la cual las bellezas palidecen!
¡Cómo!...¿Tú me has visto, me has amado en el país de las sombras y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades?
Créeme.
Cuando la muerte venga a romper las ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban, cuando llegue un día que Dios ha fijado y conoce, y tu alma venga a este cielo en que te ha precedido la mía, ese día volverás a verme, sentirás que te sigo amando, que te amé, y encontrarás mi corazón con todas sus ternuras purificadas.
¡Volverás a verme en transfiguración, en éxtasis, feliz!
Ya no esperando la muerte, sino avanzando contigo, que te llevaré de la mano por senderos nuevos de Luz...y de Vida...
¡Enjuga tu llanto y no llores si me amas!"
- San Agustín 

viernes, 15 de mayo de 2015

La pelota NO se mancha... ¡ni se muerde!

Quienes me conocen, saben que me gusta el fútbol: pero el BUEN fútbol. La cosa es tan simple como que me falta estómago para desperdiciar el precioso tiempo de mi vida viendo campeonatos donde no hay buen nivel (desde la directiva hasta la hinchada, pasando OBVIAMENTE por el equipo), donde se puede encontrar verdaderos caballeros (porque en algunos raros caso, aún existen) hasta delincuentes con todas sus letras (desafortunadamente, en la mayoría de los casos).

Normalmente, cuando se trata de un torneo importante, le voy al equipo con cuya nacionalidad tenga mayor cercanía y cariño. Por ejemplo, cuando llega la Copa Libertadores, le voy al equipo peruano que haya llegado, sea cual sea. Aquí no hay diferencias, tú eres peruano y por ti hincho, me madrugo y - dependiendo de dónde y de qué tan bien estés jugando - hasta al estadio voy a verte.

(A las pruebas me remito: ¡Fuerza Celeste!)

Si los equipos peruanos no pasan de tal ronda, normalmente le voy al equipo colombiano que sí lo haya hecho... ¿me dejo entender? Y ¿por qué Colombia? Porque es la tierra que vio nacer al mayor de mis hijos perrunos y donde dejamos pequeñas partes de nuestros corazones. (¡Cómo te quiero Colombiaaaaa!!!)

¿Por qué sale este tema a colación? Porque en esta oportunidad el club de mis amores (#HalaMadridYNadaMás) no llegó a la final de la Champions, pero nuestros eternos rivales (los del FC Barcelona), sí.

Es necesario aclarar que en anteriores oportunidades le he hecho barra al Barça (precisamente por la afirmación anterior) por la cercanía que le tengo a a la Madre Patria (abstenerse comentarios sobre el separatismo, que a mí me da igual), y porque tengo un romance maravilloso con la ciudad de Barcelona, que me encanta, me fascina y me aloca (pero ojo, no es mi ciudad favorita en España, como tampoco lo es Madrid, aunque la amo casi tanto como si fuera Lima)...

Pero desde el año pasado tenemos un pequeño problema, mis queridos culés. Porque pueden ser todo lo buenos que quieran (que lo son, por eso están donde están y han llegado a donde han llegado), ser todo lo españoles que quieran (y tener a casi media selección dentro de sus jugadores), tener jugadores que figuran en mi "once ideal", pero y aquí viene ese GIGANTÍSIMO PERO, después de lo que vimos en el mundial pasado (sin contar las anteriores ocasiones, ya que esta fue su tercer "lapsus" en las canchas) ir y contratar y panudearse y llenarse la boca y los bolsillos con un tipejo como Luis Suárez - que puede ser un pedazo de crack, un excelente jugador, pero se sentó (por decirlo bonito) en el fair play y en cualquier tipo de ética deportiva, por lo que NUNCA debió volver a las canchas por ser un PÉSIMO ejemplo para nuestra infancia y juventud - allí sí yo marco mis distancias. Como lo hice en su momento con cualquier equipo que tuviera al impresentable de Maradona en sus filas.

Porque la pelota NO SE MANCHA, señores. Y Suárez no sólo la manchó, sino que la mordió, y la directiva del Barça lo premió por eso al comprarlo tras una sanción como la que recibió. Por eso lo de "respect", lo de salir con niños a la cancha o soltar palomas blancas, ya no se los creo.

Y me van a perdonar (si quieren, me da igual si no lo hacen) pero yo este 06 de junio estaré feliz, sentada frente a mi tele, seguro con un chilcanito en la mano, haciéndole barra a la Juve, a I Bianconieri, a la Vecchia Signora, a la Fidanzata d'Italia. Porque le hago barra a quien me da la gana y, sobre todo, porque, por lo menos para mí, le hago barra a quien me parece que se la merece. Le hago barra al equipo cuyos jugadores me identifico (¡Buffón y Pirlo son unos grandes! ¡Y Morata cada vez está mejor!), pero sobre todo porque para mi, la pelota NO se mancha. Y punto.