viernes, 15 de mayo de 2015

La pelota NO se mancha... ¡ni se muerde!

Quienes me conocen, saben que me gusta el fútbol: pero el BUEN fútbol. La cosa es tan simple como que me falta estómago para desperdiciar el precioso tiempo de mi vida viendo campeonatos donde no hay buen nivel (desde la directiva hasta la hinchada, pasando OBVIAMENTE por el equipo), donde se puede encontrar verdaderos caballeros (porque en algunos raros caso, aún existen) hasta delincuentes con todas sus letras (desafortunadamente, en la mayoría de los casos).

Normalmente, cuando se trata de un torneo importante, le voy al equipo con cuya nacionalidad tenga mayor cercanía y cariño. Por ejemplo, cuando llega la Copa Libertadores, le voy al equipo peruano que haya llegado, sea cual sea. Aquí no hay diferencias, tú eres peruano y por ti hincho, me madrugo y - dependiendo de dónde y de qué tan bien estés jugando - hasta al estadio voy a verte.

(A las pruebas me remito: ¡Fuerza Celeste!)

Si los equipos peruanos no pasan de tal ronda, normalmente le voy al equipo colombiano que sí lo haya hecho... ¿me dejo entender? Y ¿por qué Colombia? Porque es la tierra que vio nacer al mayor de mis hijos perrunos y donde dejamos pequeñas partes de nuestros corazones. (¡Cómo te quiero Colombiaaaaa!!!)

¿Por qué sale este tema a colación? Porque en esta oportunidad el club de mis amores (#HalaMadridYNadaMás) no llegó a la final de la Champions, pero nuestros eternos rivales (los del FC Barcelona), sí.

Es necesario aclarar que en anteriores oportunidades le he hecho barra al Barça (precisamente por la afirmación anterior) por la cercanía que le tengo a a la Madre Patria (abstenerse comentarios sobre el separatismo, que a mí me da igual), y porque tengo un romance maravilloso con la ciudad de Barcelona, que me encanta, me fascina y me aloca (pero ojo, no es mi ciudad favorita en España, como tampoco lo es Madrid, aunque la amo casi tanto como si fuera Lima)...

Pero desde el año pasado tenemos un pequeño problema, mis queridos culés. Porque pueden ser todo lo buenos que quieran (que lo son, por eso están donde están y han llegado a donde han llegado), ser todo lo españoles que quieran (y tener a casi media selección dentro de sus jugadores), tener jugadores que figuran en mi "once ideal", pero y aquí viene ese GIGANTÍSIMO PERO, después de lo que vimos en el mundial pasado (sin contar las anteriores ocasiones, ya que esta fue su tercer "lapsus" en las canchas) ir y contratar y panudearse y llenarse la boca y los bolsillos con un tipejo como Luis Suárez - que puede ser un pedazo de crack, un excelente jugador, pero se sentó (por decirlo bonito) en el fair play y en cualquier tipo de ética deportiva, por lo que NUNCA debió volver a las canchas por ser un PÉSIMO ejemplo para nuestra infancia y juventud - allí sí yo marco mis distancias. Como lo hice en su momento con cualquier equipo que tuviera al impresentable de Maradona en sus filas.

Porque la pelota NO SE MANCHA, señores. Y Suárez no sólo la manchó, sino que la mordió, y la directiva del Barça lo premió por eso al comprarlo tras una sanción como la que recibió. Por eso lo de "respect", lo de salir con niños a la cancha o soltar palomas blancas, ya no se los creo.

Y me van a perdonar (si quieren, me da igual si no lo hacen) pero yo este 06 de junio estaré feliz, sentada frente a mi tele, seguro con un chilcanito en la mano, haciéndole barra a la Juve, a I Bianconieri, a la Vecchia Signora, a la Fidanzata d'Italia. Porque le hago barra a quien me da la gana y, sobre todo, porque, por lo menos para mí, le hago barra a quien me parece que se la merece. Le hago barra al equipo cuyos jugadores me identifico (¡Buffón y Pirlo son unos grandes! ¡Y Morata cada vez está mejor!), pero sobre todo porque para mi, la pelota NO se mancha. Y punto.


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