Normalmente, cuando se trata de un torneo importante, le
voy al equipo con cuya nacionalidad tenga mayor cercanía y cariño. Por ejemplo,
cuando llega la Copa Libertadores, le voy al equipo peruano que haya llegado,
sea cual sea. Aquí no hay diferencias, tú eres peruano y por ti hincho, me
madrugo y - dependiendo de dónde y de qué tan bien estés jugando - hasta al
estadio voy a verte.
(A las pruebas me remito: ¡Fuerza Celeste!)
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Si los equipos peruanos no pasan de tal ronda,
normalmente le voy al equipo colombiano que sí lo haya hecho... ¿me dejo
entender? Y ¿por qué Colombia? Porque es la tierra que vio nacer al mayor de
mis hijos perrunos y donde dejamos pequeñas partes de nuestros corazones. (¡Cómo
te quiero Colombiaaaaa!!!)
¿Por qué sale este tema a colación? Porque en esta
oportunidad el
club de mis amores (#HalaMadridYNadaMás) no llegó a la final
de la Champions, pero nuestros eternos rivales (los del FC Barcelona), sí.
Es necesario aclarar que en anteriores oportunidades le
he hecho barra al Barça (precisamente por la afirmación anterior) por la
cercanía que le tengo a a la Madre Patria (abstenerse comentarios sobre el
separatismo, que a mí me da igual), y porque tengo un romance maravilloso con la
ciudad de Barcelona, que me encanta, me fascina y me aloca (pero ojo, no es mi
ciudad favorita en España, como tampoco lo es Madrid, aunque la amo casi tanto
como si fuera Lima)...
Pero desde el año pasado tenemos un pequeño problema, mis
queridos culés. Porque pueden ser todo lo buenos que quieran (que lo son, por
eso están donde están y han llegado a donde han llegado), ser todo lo españoles
que quieran (y tener a casi media selección dentro de sus jugadores), tener
jugadores que figuran en mi "once ideal", pero y aquí viene ese
GIGANTÍSIMO PERO, después de lo que vimos en el mundial pasado (sin contar las
anteriores ocasiones, ya que esta fue su tercer "lapsus" en las
canchas) ir y contratar y panudearse y llenarse la boca y los bolsillos con un
tipejo como Luis Suárez - que puede ser un pedazo de crack, un excelente
jugador, pero se sentó (por decirlo bonito) en el fair play y en
cualquier tipo de ética deportiva, por lo que NUNCA debió volver a las canchas
por ser un PÉSIMO ejemplo para nuestra infancia y juventud - allí sí yo marco
mis distancias. Como lo hice en su momento con cualquier equipo que tuviera al
impresentable de Maradona en sus filas.
Porque la pelota NO SE MANCHA, señores. Y Suárez
no sólo la manchó, sino que la mordió, y la directiva del Barça lo premió por
eso al comprarlo tras una sanción como la que recibió. Por eso lo de
"respect", lo de salir con niños a la cancha o soltar palomas
blancas, ya no se los creo.
Y me van a perdonar (si quieren, me da igual si no lo
hacen) pero yo este 06 de junio estaré feliz, sentada frente a mi tele,
seguro con un chilcanito en la mano, haciéndole barra a la Juve, a I
Bianconieri, a la Vecchia Signora, a la Fidanzata d'Italia.
Porque le hago barra a quien me da la gana y, sobre
todo, porque, por lo menos para mí, le hago barra a quien me parece que se
la merece. Le hago barra al equipo cuyos jugadores me identifico (¡Buffón y
Pirlo son unos grandes! ¡Y Morata cada vez está mejor!), pero sobre todo
porque para mi, la pelota NO se mancha. Y punto.

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