En otro lado de la ciudad, una pareja de esposos (sin bebé, todavía) llevaba discutiendo durante casi un año la posibilidad de tener un perro. Llegaron a un acuerdo: el esposo podía tener un labrador (la raza de perro que más le gustaba) pero tenía que cumplir el requisito de la esposa: tenía que ser adoptado. Al día siguiente, el esposo llegó a la oficina y se lo comentó a sus amigos, frustrado pues "quién iba a regalar un labrador". Una compañera de trabajo le dijo que su vecino estaba regalando su labrador de casi cuatro meses pues ya no sabían qué hacer con él y lo tenían encerrado en una fría terraza.
El esposo llamó a la esposa: "ve por él", le dijo, "él es nuestro Argos" (el nombre lo tenían escogido desde hace mucho, para la esposa era el perfecto nombre para un perro). Esa tarde, la sobrina de los esposos que estaba de visita en Colombia acompañó a su tío a recoger al animalito. Se subieron a un taxi con el pequeño. Llegaron a la casa, se pararon en la puerta del apartamento y tocaron el timbre. La esposa corrió hacia la entrada, vio abrirse la puerta y vio a su esposo, a su sobrina y a un pequeño peludito de color dorado. "Argos!" lo llamó. Y Argos, que antes de ese minuto se llamaba de otra forma, corrió hacia los brazos extendidos de la esposa (desde ese momento, "la mamá"). Ella lo abrazó, con los brazos y con el corazón, y le prometió que nunca más iba a estar solo.
En esos seis años y ocho meses les pasó de todo: viviendo en Lima por 4 meses antes de irse a vivir a otro país, a Argos lo picó una araña en una pata y tuvieron que someterlo a un tratamiento de antibióticos y diuréticos, se le desvió la patela y tuvieron que operarlo, su estómago seguía débil, al igual que sus defensas, con lo que cualquier enfermedad se le pegaba, llámese tos, llámese diarrea, llámese lo que se llame: todo le daba. Tan así que los papás hicieron fiesta el día en que Argos hizo "sólido" por primera vez. Su estómago por fin funcionaba como debía, ¡Qué maravilla maravillosa! Se mudaron a Panamá y, como no podía ser de otro modo, lo picó una garrapata, le dio erliquia y de nuevo, casi se va. Y la mamá volvió a rezar, a Diosito y a Santa María La Antigua, patrona de su nueva tierra adoptiva. Y Argos se recuperó. Poco a poco, el pequeño se iba haciendo más grande, más fuerte y más hermoso, pero desde ese viaje a Lima, medio desconfiado de los extraños (detesta ver chanclas, es posible que alguna bestia lo haya agarrado a chancletazos antes de que llegara a casa y quedó traumado) y pegado a la mamá, para él ella era su salvadora (al fin y al cabo era con quien más tiempo pasaba) y él era Súper Perro, dispuesto a defender a su familia de cualquier polilla amenazadora.
Luego, a un mes de cumplir dos años, llegó su hermana menor (una Labradora mezcla con Golden Retriever - cosa que recién se ha descubierto este año - a la que llamaron Athena por la de los Caballeros del Zodíaco), que sus papás decidieron adoptar un día en que sólo fueron a la veterinaria para ponerle una vacuna a Argos. Los tres ya la habían visto antes (la dueña de la mamá biológica estaba vendiendo la camada porque no tenía espacio para ella y sus hermanos y la peque era la única que no había sido vendida) así que cuando les preguntaron que si la querían comprar y luego de escuchar la respuesta de los esposos que “no compraban sino adoptaban” la dueña decidió regalárselas.
Y así la enana llegó para ponerlo todo de cabeza. Argos volvió a ser cachorro y jugaba con Athena hasta el cansancio... y eso que estaba acostumbrado a ser el consentido, el mimado, el hijo único... y ahora eran una familia de cuatro. Y tuvieron que re-aprender a cuidar y entrenar a un cachorro, pero esta vez era una cachorra con su propio y tremendo carácter... pero que seguía al calco lo que su "hermano mayor" hacía. No se necesitó entrenador. Todo lo que ella necesitaba aprender lo hizo siguiendo el ejemplo de su "hermanote".
Pero como mamá siempre repite y repite: "Argos siempre será el bebé de la mamá” (así como Athena siempre será la bebé de la mamá, por más que crezcan).
Feliz cumpleaños mi “pepo” hermoso. Ya eres un “perro mayor”. Tú no naciste de mi panza, tú naciste en mi corazón y eso te hace tan hijo mío como el de cualquiera que sienta lo mismo. Gracias por estos hermosos primeros 7 años y que vengan muchísimos más.
Te adora,
Mamá.
Mensaje al lector: No compres, adopta. No te imaginas lo feliz que serás y lo feliz que harás a un animalito que necesita una familia.
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