lunes, 21 de mayo de 2018

Propósitos de Año Nuevo o la Inevitabilidad de la Procastinación

Tengo la intención de escribir un post en mi blog desde que nos mudamos de vuelta a vivir en Lima (Junio 2014). Puedo enumerar las razones por las que no lo he hecho y me faltan dedos en las manos (y en los pies). ¿Una gran decepción? ¿Una nueva mudanza (después de siete ya me dan alergia las mudanzas)? ¿La enfermedad de dos de las personas más importantes en mi vida? Pero el propósito seguía allí, en algún rincón de mi cabeza dando vueltas y cada día, al acostarme, pensaba "mañana sí, mañana sin falta, posteo en el blog".

Durante mucho tiempo, especialmente después de la partida de mi mami, escribir me costaba. Escribirle a ella me era más fácil (incluso publiqué más de una vez algunas de mis "cartas a ella" en mi FB). Pero sus palabras (repetidas numerosas veces, con todo el cariño del mundo) resonaban en mi cabeza "¿Por qué no te pones a escribir de nuevo hijita? ¡Si te encanta!"


Pero esta vez ha sido distinto. No sólo he vuelto a escribir nuevamente (le volví a agarrar el gusto), si no que retomé el "blog" con el que empezaba el cambio, después de estar viviendo 5 años fuera y con el que marcaba el inicio de una nueva vida de vuelta en nuestra patria... y al que dejé cuando la tristeza pudo más conmigo. Y me acostumbré a que ella  - la tristeza - dictara lo que yo hacía (mejor dicho, lo que no hacía)...Y ahora que lo pienso, a mi mami no le hubiera gustado nada que me dejara vencer.

Y es que muchas veces nos proponemos hacer algo y de pronto, así, sin querer queriendo (R.I.P. #Chespirito) se nos escapa el tiempo y ni cuenta nos damos que han pasado MESES desde que nos prometimos leer dos libros al mes, despertarnos al alba, caminar por lo menos 40 minutos al día (todo para que al final de diciembre del año pasado me fregara el tobillo y terminaran operándome en marzo), dejar de comer chocolates y tomar gaseosas, no más comida chatarra, llamar/visitar más a nuestros padres/abuelitos/suegros/sobrinos, y un larguísimo y kilométrico etcétera.

Hace años leí un post de cuánto nos demorábamos en abandonar los propósitos que nos planteábamos en año nuevo. No encontré ese artículo, pero según el post Propósitos de año nuevo: una tradición que roza el esperpento, por lo visto, lo "usual" es ir dejando de cumplir con nuestros propósitos decembrinos poco a poco

Si no me creen, a las pruebas me remito: según ese blog, el propósito de dejar de fumar tiene una duración aproximada de entre 1y 2 meses. Y la cosa no quedaría allí:
- Perder 5 kilos: 7 días
- Hacer ejercicio: 3 semanas
- El propósito de "usar menos la laptop/el celular" dura entre 6 y 8 horas (no sé si reír o llorar con eso).

Todavía recuerdo a una amiga, quien arrugó, rompió, hizo papilla, es decir, destruyó una cajetilla nueva y entera (la última que le quedaba) de cigarrillos y los tiró a la basura a las 12:00 pm de un 1ero de enero... para estar desesperada a los tres días bajo la excusa de "es que esto no se puede dejar así nada más".

A mi parecer, nos es difícil, por no decir casi imposible, romper con los viejos hábitos, especialmente aquellos que tenemos establecidos como rutinarios, porque le tenemos miedo al cambio, estamos muy cómodos como estamos, en un permanente estado de conformismo, de duda. Pero a veces hay que hacerlo, por nuestro bien, nuestra salud física y mental. Este blog es mi catarsis y como tal lo abrazo y lo acepto.  Y hoy, como mañana, como pasado mañana, serán nuevamente un primero de enero, una hoja limpia en la que escribir un día nuevo, cada día. Adiós al "status quo auto impuesto " Ya toca. Ya tocaba hace bastante.


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